Jul 24 2008
Concursos públicos II
Hace ya casi un año que escribí una entrada en mi blog sobre Concursos Públicos. En esta ocasión vuelvo a escribir sobre este tema porque no comparto la forma en la que éstos se llevan a cabo. Voy a partir de algunas premisas que debemos considerar ciertas porque de no ser así, mal vamos:
- Las ofertas presentadas en un proceso de licitación son valoradas conforme a unos aspectos que están ponderamos y -normalmente- se hacen públicos en el pliego.
- La presentación de una oferta por parte de una empresa es una inversión.
Podría haber enumerado algunas premisas más pero no quiero que este texto se extienda demasiado y así dejar algunas reflexiones para más adelante, quizás cuanto estén algo más maduras.
Si el número de ofertas que se presentan a un concurso público es finito y existen una serie de aspectos ponderamos que la mesa evalúa, entiendo que debe haber una puntuación máxima (descartemos el empate) y una puntuación mínima, y entre éstas el resto de resultados. ¿Por qué no se hacen públicos dichos resultados? No quiero ir a solicitarlos, esto no es una revisión de un examen de instituto o de universidad, simplemente quiero saber cómo se ha valorado el trabajo que un grupo de personas ha realizado, en muchos casos, un trabajo que requiere un gran esfuerzo. Al menos las ofertas que preparan técnicos que arrojan gran parte de su conocimiento y experiencia en un documento y que luego, a saber dónde terminan. Descartemos aquellas ofertas realizadas a base de copiar y pegar sin sentido. Los motivos por lo que me gustaría conocer el resultado de la evaluación son:
- Es una forma de conocer, frente a tus competidores profesionales, qué tal han evaluado tu oferta.
- Saber en qué aspectos has tenido menos puntuación y pensar en nuevas estrategias para mejorar.
Cuando a nivel interno se decide presentar una oferta a un concurso público se pone en marcha todo un proceso para organizar el trabajo que tendrás que dejar aparcado o delegado para atender a este nuevo reto que se tiene por delante. Cuando la oferta se termina y se entrega, vuelta a los proyectos, reuniones, presentaciones, etc. Pero, ¿Qué pasa con el esfuerzo dedicado? Evidentemente esa dedicación requiere un tiempo del equipo que ha preparado la oferta, y por tanto, inversión. Hasta ahí creo que todos podemos estar de acuerdo. Si finalmente uno gana el concurso público, perfecto. Personalmente lo siento como una recompensa al trabajo. Si no se gana, tu conocimiento y experiencia quedarán en algún cajón, y en el mejor de los casos, en una trituradora de papel. ¿Por qué en el mejor de los casos? Porque nadie me garantiza que el documento que se entrega, siendo privado y de carácter reservado, quede protegido.
Uno de los aspectos que se valora en las ofertas es el referido con el epígrafe “Mejoras propuestas”. Que triste sería que a la empresa adjudicataria le dijesen que añadiese a su propuesta las mejoras del resto de ofertas que no han sido propuestas, ¿Verdad? Pero bueno, yo estoy seguro que estas cosas no ocurren.
Creo que se deberían buscar fórmulas para mejorar este proceso. En lugar de entregar un documento con decenas de páginas explicando hasta cuando los programadores van a ir a desayunar, por qué no citan a las empresas licitadoras y que éstas realicen una exposición con un tiempo limitado. Muchos procesos de oposición tienen exámenes orales donde el candidato tiene un tiempo limitado para exponer un tema que previamente se ha debido preparar. Pues aquí igual, unas transparencias o resumen ejecutivo con los puntos fuertes de la propuesta y una exposición oral con posibilidad para que al final haya unos minutos para resolver posibles dudas.
















